Rusia lleva años intentando poner en servicio el RSM-56 Bulavá, un misil balístico de combustible sólido lanzado desde submarinos (SLBM) creado a partir del Topol-M. De este modo, en el futuro todos los misiles balísticos intercontinentales rusos podrán estar basados en la misma tecnología, aunque serían desplegados de distinta forma: silos y lanzaderas móviles para el Topol-M y el RS-24 (versión del Topol-M con varias cabezas nucleares), y submarinos de la clase Borei para el Bulavá. De este modo, el uso de sistemas similares permitirá un ahorro considerable de tiempo, dinero y recursos. Desafortunadamente para el gobierno ruso, el programa de pruebas y desarrollo del Bulavá se ha convertido en una auténtica pesadilla debido al gran número de lanzamientos fallidos. Y es que aunque la idea es buena, no hay que olvidar que la inmensa mayoría de SLBM soviéticos fueron construidos por la OKB Makeyev, mientras que el Bulavá es obra del MIT (no "ese MIT", sino éste).
Pero como la esperanza es lo último que se pierde, está claro que las autoridades rusas han decidido cortar el asunto por lo sano. Si el Bulavá no puede lanzar cabezas nucleares...¡que por lo menos sirva como mortífera arma hipnotizadora! Y hoy los habitantes de la ciudad de Tromsø, situada en el norte de Noruega, pudieron ser testigos de primera mano de los efectos desorientadores del pérfido mecanismo ruso, como podemos ver en esta imagen (y vídeo):

La espiral misteriosa que miles de escandinavos confundieron con un OVNI -bueno, técnicamente era un OVNI, o mejor dicho, un OBNI (Objeto Bulaviense No Identificado)- era en realidad producto del último -y fallido, para variar- lanzamiento del Bulavá desde el submarino de la clase Akula TK-208 Dmitri Donskói. Puede que el Bulavá no sea un misil muy eficaz por el momento, pero está claro que genera unos fuegos artificiales muy curiosos. Y no sé por qué, pero tengo la impresión de que los ingenieros del Bulavá hubiesen preferido que se tratase de un OVNI alienígena...

Pero como la esperanza es lo último que se pierde, está claro que las autoridades rusas han decidido cortar el asunto por lo sano. Si el Bulavá no puede lanzar cabezas nucleares...¡que por lo menos sirva como mortífera arma hipnotizadora! Y hoy los habitantes de la ciudad de Tromsø, situada en el norte de Noruega, pudieron ser testigos de primera mano de los efectos desorientadores del pérfido mecanismo ruso, como podemos ver en esta imagen (y vídeo):

La espiral misteriosa que miles de escandinavos confundieron con un OVNI -bueno, técnicamente era un OVNI, o mejor dicho, un OBNI (Objeto Bulaviense No Identificado)- era en realidad producto del último -y fallido, para variar- lanzamiento del Bulavá desde el submarino de la clase Akula TK-208 Dmitri Donskói. Puede que el Bulavá no sea un misil muy eficaz por el momento, pero está claro que genera unos fuegos artificiales muy curiosos. Y no sé por qué, pero tengo la impresión de que los ingenieros del Bulavá hubiesen preferido que se tratase de un OVNI alienígena...

El color de la Luna
Si crees que la Luna es un mundo monocromo de un aburrido gris cenizo, deberías verestas imágenes de la sonda LRO (Lunar Reconnaisance Orbiter). Aunque obviamente no se puede comparar con nuestro planeta, existen variaciones de color en la superficie lunar que dependen de la concentración de dióxido de titanio (TiO2) y monóxido de hierro (FeO) presentes en el regolito.

Los distintos colores de la superficie lunar (exagerados). La imagen ha sido realizada a partir de siete tomas en longitudes de onda distintas. El azul corresponde a 320 nm, el verde a 415 nm y el rojo a 689 nm. La imagen cubre unos 1000 km (LRO/NASA).

Detalles de la zona anterior. Se destacan las zonas de alunizaje del Apolo 11 y 17 (LRO/NASA).
El tono oscuro del basalto de los mares lunares se debe a su alto contenido en FeO, mientras que la mayor cantidad del TiO2 les dota de un color ligeramente azulado. En esta imagen de la cámara WAC/LROC podemos comparar los distintos colores del Mare Tranquilitatis -más azul debido a su mayor contenido de TiO2- y el Mare Serenitatis.
Otro factor que afecta al albedo es el tamaño medio de los granos del regolito. Por ejemplo, la zona del Apolo 17 es más oscura debido a la presencia de material piroclástico, además de óxidos de hierro y titanio. Más de un 10% de la masa del basalto de los mares puede estar formada por TiO2, mientras que en los basaltos terrestres esta cantidad no suele superar el 3%.
Entender el porqué de estas diferencias resulta clave para poder dilucidar los procesos de formación de nuestro satélite.

En esta imagen tomada por la sonda Galileo en 1992 se aprecian las diferencias cromáticas (exageradas) de nuestro satélite (NASA).
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