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domingo, 20 de marzo de 2011

La bandera soviética del Apolo 11

La antigua Unión Soviética logró colocar su bandera en la superficie de la Luna, Marte y Venus gracias a varias sondas automáticas. Puesto que la mayoría de estas naves sólo hicieron un viaje de ida, ninguna de las banderas pudo regresar a la Tierra para ser exhibida. Salvo una. En julio de 1969 una enseña soviética viajó hasta la superficie lunar y regresó a nuestro planeta. Curiosamente, no lo hizo a bordo de una nave de la URSS. Esta bandera viajaría con el Apolo 11.

 
La única bandera soviética que viajó hasta la Luna en una misión tripulada en el Museo de la Cosmonáutica de Moscú (fuente). 

Neil Armstrong y Edwn Aldrin se convertirían en los primeros seres humanos sobre la superficie de la Luna cuando el módulo lunar Eagle se posó en el Mar de la Tranquilidad el 20 de julio de 1969. Un año después, en mayo de 1970, Armstrong partió hacia la URSS para llevar a cabo un viaje diplomático de varios días. Neil fue el segundo astronauta norteamericano en pisar la Unión Soviética, donde sería recibido por los cosmonautas Georgi Beregovoy (Soyuz 3) y Konstantin Feoktístov (Vosjod 1).


Armstrong, Collins y Aldrin, la tripulación del Apolo 11 (NASA). 

Neil pasó cinco días en Leningrado y después recibió la autorización para viajar hasta Moscú. Allí sería recibido en el Kremlin por Alexéi Kosygin, presidente del Consejo de Ministros de la URSS. Armstrong le entregaría varios regalos de parte del presidente Richard Nixon, incluyendo una pequeña cápsula con muestras de la superficie lunar en su interior y...una bandera soviética. Kosygin era consciente de las dificultades por las que estaba pasando programa lunar tripulado soviético en esos momentos -un programa que permanecía en secreto para el resto del mundo- y exclamó asombrado "lo que tú has visto es algo que yo jamás podré ver". La bandera había sido transportada hasta la Luna dentro del Apolo 11 como parte de una iniciativa diplomática de la administración Nixon junto a otras enseñas nacionales de varios estados, la mayoría aliados de los Estados Unidos.

Paradojas de la historia, ésta sería la única bandera soviética que lograría viajar a la Luna en una misión tripulada. En la actualidad se puede contemplar en el Museo de la Cosmonáutica de Moscú.


 

sábado, 19 de marzo de 2011

Planetas habitables alrededor de enanas blancas

Al finalizar su vida, las estrellas como el Sol dejan atrás un remanente estelar denominado enana blanca. En el proceso, es muy posible que los planetas de tipo terrestre que existan a su alrededor queden totalmente incinerados. Sin embargo, las enanas blancas constituyen un escenario muy interesante para el futuro de la vida en el universo. La etapa de fusión nuclear de las estrellas, en la cual estamos viviendo, ocupará una pequeña fracción de la vida del Universo (supuestamente infinita). Por contra, las enanas blancas seguirán brillando miles de millones de años después de que se haya apagado la última estrella. Es posible que el destino de los seres vivos dependa de la existencia de planetas alrededor de estos astros.



Una enana blanca comparada con la Tierra.

Como ya comentamos en una entrada anterior, hasta la fecha no se ha descubierto ningún exoplaneta alrededor de una enana blanca. Estos planetas serían muy probablemente mundos de segunda o tercera generación, es decir, formados a partir de los restos planetarios generados durante la fase de gigante roja. En cualquier caso, ¿podría existir vida en estos mundos? Precisamente esto es lo que ha explorado en unreciente artículo Eric Agol, de la Universidad de Washington.
Al ser astros tan pequeños (del tamaño de la Tierra), la zona habitable alrededor de una enana blanca estaría situada muy cerca de la misma, entre 0,75 y 3 millones de kilómetros para enanas frías (con una temperatura superficial de 5000 K) y con 0,4-0,9 veces la masa del Sol. Las enanas blancas son grandes trozos de materia degenerada sin una fuente de energía interna. Con el tiempo -muuucho tiempo- se enfriarán hasta dar lugar a una enana negra. No obstante, el universo no es aún lo suficientemente viejo para que se haya podido formar alguna enana negra. La zona habitable alrededor de una enana blanca se encogerá a medida que el astro se enfría, pero aún así estamos hablando de escalas de tiempo enormes. Por ejemplo, un planeta situado a un millón de kilómetros de una enana podría permanecer hasta ocho mil millones de años dentro de la zona habitable, un tiempo equivalente a la vida del Sol.


Zona habitable alrededor de una enana blanca en función de la distancia y la vida/luminosidad (Eric Agol).


Posible aspecto de las curvas de luz de los eclipses de planetas habitables alrededor de enanas blancas (Eric Agol).


Densidad de probabilidad de detección de planetas alrededor de enanas blancas. El método del tránsito favorece en este caso la detección de planetas del tamaño de la Tierra (Eric Agol).
Un planeta situado en la zona habitable de una enana blanca podría eclipsar por completo la estrella vista desde la Tierra. Este hecho convierte a estos astros en potenciales objetivos del método del tránsito para detectar exoplanetas, aunque no será nada sencillo. 
Resulta paradójico pensar en la posibilidad de la existencia de planetas habitables alrededor de cadáveres estelares. Pero es posible que, algún día, nuestros muy lejanos descendientes se refugien en estos mundos mientras el resto del universo se apaga a su alrededor.

viernes, 18 de marzo de 2011

Los niveles de alerta nuclear

Los niveles de alerta nuclear

La central japonesa de Fukushima ha alcanzado el nivel 6 de alerta nuclear, el segundo más grave de la Escala Internacional de Sucesos Nucleares y Radiológicos, según el presidente de la autoridad nuclear francesa, André-Claude Lacoste.
El nivel 7, el más alto en la escala de medición de los sucesos nucleares (accidentes graves), corresponde a la liberación al exterior de materiales radiactivos con amplios efectos en la salud y el medio ambiente y requiere la aplicación prolongada de contramedidas. 

La central de Chernobil en Ucrania, es el único caso, hasta el momento, de accidente grave. El 26 de abril de 1986 se decretó el nivel de alerta 7, tras la explosión del reactor número cuatro de la central de Chernobil, en Ucrania aunque entonces pertenecía a la URSS.
El nivel 6 (accidente importante) corresponde a la liberación, considerable, al exterior de materiales radiactivos y probablemente requerirá la aplicación de contramedidas. La central de Mayak, situada en los Montes Urales en las proximidades de Kyshtym (antigua URSS) sufrió un accidente de este nivel en septiembre de 1957.
El nivel 5 (accidente con consecuencias de mayor alcance) se establece cuando se produce una liberación limitada de materiales radiactivos al exterior o se registran varias muertes por radiación. También si el reactor sufre daños graves o si produce una liberación de grandes cantidades de materiales radiactivos dentro de la instalación. Suele requerir la aplicación de contramedidas. Los accidentes de las centrales de Windscale-Sellafield en Liverpool (Reino Unido), en 1957, y Three Mile Island, en Harrisburg, Pensilvania (EEUU), en 1979, fueron de nivel 5.
El nivel 4 (accidente con consecuencias de alcance local) corresponde a los sucesos en los que hay una liberación menor de materiales radiactivos. Conlleva al menos una muerte por radiación, se produce una fusión de combustible o se liberan cantidades considerables de radiación dentro de la instalación. No suelen ser necesarias las contramedidas, salvo los controles locales de alimentos. En este nivel se encuentran los accidentes de Tokaimura (Japón), en 1999, y Sant Laurent des Eaux (Francia), en 1980.
El nivel 3 (incidente importante) se refiere a los casos en los que la exposición a la radiación es diez veces superior al límite establecido para los trabajadores y en los que hay efectos en la salud pero no mortales (por ejemplo quemaduras). También incluye la contaminación en zonas no previstas en el diseño de la central.
Aunque entonces no se utilizaba en España la Escala Internacional de Sucesos Nucleares y Radiológicos (INES, por sus siglas en inglés), el accidente sufrido en octubre de 1989 por la central española de Vandelló I (Tarragona) alcanzó este nivel, según los expertos.
El nivel 2 (incidente) corresponde a la exposición de una persona a dosis por encima de 10 mSv (milisiever), que es el límite anual que prevé la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM) a la exposición de un trabajador por encima de los límites anuales reglamentarios. También son de nivel 2 los sucesos en los que se registra una contaminación importante en zona no prevista de la instalación o cuando hay niveles superiores a 50 mSv/h en una zona de operación.
El nivel 1 (anomalía) contempla la sobreexposición de una persona por encima de los límites anuales reglamentarios, problemas menores en componentes de seguridad y la pérdida o robo de fuentes radiactivas.




El Discovery se despide del espacio para siempre

El Discovery se despide del espacio para siempre
El transbordador espacial Discovery ha regresado a la Tierra tras cumplir su última misión, con la que culmina 26 años al servicio de la NASA, cuyo director destacó el éxito de todos los viajes efectuados por esta "gran nave espacial".

El Discovery "ha servido bien a su país", agregó Charles Bolden, que reconoció el trabajo de los seis tripulantes que volvieron a casa tras 12 días en la Estación Espacial Internacional (EEI) así como de "todo el personal que ha trabajado en el Discovery y en el programa de transbordadores todos estos años".
Durante su carrera la nave ha transportado el Telescopio Espacial Hubble, el laboratorio japonés Kibo y varios segmentos del eje central de la EEI. El Discovery ha sido el primer transbordador pilotado por una mujer.
"Mientras celebramos los muchos logros de esta magnífica nave, estamos deseando ver la nueva y emocionante era de vuelos tripulados que viene", dijo el director de la NASA, Bolden.
Se refería así al plan del Gobierno para la exploración espacial que incluye más cooperación con el sector privado para fabricar naves comerciales y tiene nuevos objetivos, como Marte.
El Discovery aterrizó a las 16.57 GMT, tal y como estaba previsto, en el Centro Espacial Kennedy de Florida en una soleada mañana. A bordo volvieron el comandante de la misión STS-133, Steve Lindsey; el piloto Eric Boe y los especialistas Alvin Drew, Steve Bowen, Michael Barratt y Nicole Stott.
La misión STS-133 ha sido la última del transbordador más veterano de la NASA, que realizó su primer vuelo en agosto de 1984, y desde entonces ha efectuado 39 misiones en las que ha recorrido más de 238 millones de kilómetros.
El Discovery llevó a la Estación Espacial Internacional el Módulo Multiusos "Leonardo", que puede alojar experimentos de física con fluidos, material de ciencia, biología, biotecnología y otras áreas.
En este viaje llevaba además un 'polizón' que ha suscitado el interés del presidente estadounidense, Barack Obama. Se trata del androide Robonaut 2, apodado ya R2, que viajó empaquetado en sus bodegas para convertirse en un miembro más de la tripulación permanente.
Esta misión que ha durado 12 días, 19 horas y 56 minutos, un día más de lo previsto, ha estado llena de sorpresas para los astronautas, que un día antes de volver fueron despertados en directo por la banda de rock Big Head Todd & The Monsters.
Los roqueros interpretaron la canción "Blue Sky" que fue elegida por el público en un concurso que organizó la NASA para decidir las canciones con las que despertarían a los astronautas en este último vuelo.
El Discovery es el tercer transbordador espacial que se sumó a la flota de cinco orbitadores que la NASA ha empleado durante treinta años para sus misiones tripuladas.
Su construcción comenzó el 27 de agosto de 1979 y cuatro años más tarde fue presentado en sociedad en la planta de ensamblaje de Palmdale (California), antes de su primer viaje al espacio el 30 de agosto de 1984.
El programa inició su andadura en 1981 con el lanzamiento del Columbia, al que le siguieron el Challenger (1982), el Discovery (1983), más tarde el Atlantis (1985) y el Endeavour (1991).
La NASA tiene previstos dos viajes más al complejo espacial. El Endeavour partirá el 19 de abril con el Espectrómetro Magnético Alpha (AMS) y el Atlantis el 28 de junio.
El Museo Nacional del Aire y el Espacio se disputa con una veintena de instituciones ser el nuevo hogar del Discovery que, dedicado a su público, inicia así una nueva etapa en su carrera. Esta vez terrenal.

MESSENGER orbita Mercurio

Hoy día 18 de marzo a las 01:00 UTC, la sonda MESSENGER (MErcury Surface, Space Environment, GEochemistry and Ranging) se ha insertado en órbita de Mercurio después de un encendido de 15 minutos del motor principal. Por primera vez en la historia, una nave gira alrededor del planeta más pequeño del Sistema Solar. La primera imagen desde la órbita se espera para el 29 de marzo. Después de hoy, la humanidad ya ha logrado colocar una nave en órbita en cinco planetas: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.
La maniobra de inserción orbital, denominada MOI (Mercury Orbit Insertion), ha servido para frenar la nave en 862,4 m/s, consumiendo un 31% de las reservas de combustible hipergólico de la sonda (unos 190 kg). La órbita inicial es altamente elíptica y polar, con un periastro de unos 400 km, 82º de inclinación y con un periodo de 12 horas. El 15 de junio de este año se efectuará la maniobra OCM-1 para alcanzar un periastro de 200 km y un periodo de 11,73 horas. El 28 de julio tendrá lugar la OCM-2 para alcanzar de nuevo una órbita con un periodo de 12 horas, pero con una geometría que evite los eclipses y mantenga los paneles de la nave bajo iluminación solar constante .


Nave MESSENGER (NASA).


 
Maniobra MOI de inserción en órbita de Mercurio (NASA).


Sistema de propulsión de MESSENGER (NASA). 


Secuencia de eventos en la MOI (NASA). 

 
Maniobras previstas para MESSENGER y el consumo de combustible de cada una de ellas (NASA). 



Maniobras de ajuste orbital que debe realizar MESSENGER próximamente (NASA).

MESSENGER fue lanzada en agosto de 2004. Para situarse en órbita del pequeño planeta, la sonda ha debido realizar durante estos siete años un sobrevuelo de la Tierra, dos de Venus y tres de Mercurio, así como cinco maniobras con el motor principal. Este complejo juego de carambolas interplanetarias es necesario debido a que Mercurio se encuentra muy adentro en el pozo gravitatorio del Sol.


Trayectoria de la sonda desde su lanzamiento (NASA). 

Una de las imágenes de Mercurio obtenidas durante el tercer sobrevuelo en octubre de 2009. En realidad se trata de un mosaico de 62 imágenes (NASA).

Vida extraterrestre: no como la imaginamos


Vida extraterrestre: no como la imaginamosLa búsqueda de vida extraterrestre quizás hasta ahora ha estado equivocada, porque más que seres biológicos ésta podría consistir en máquinas que piensan. Tal es la conclusión de uno de los principales astrónomos del Seti, el Instituto para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, basado en California.

Según el doctor Seth Shostak, el organismo hasta ahora ha buscado señales de radio procedentes de otros mundos similares a la Tierra.
Pero quizás los extraterrestres ya han pasado del desarrollo de tecnología de radio y han alcanzado un nivel de inteligencia artificial.
El astrónomo afirma en la revista Acta Astronáutica que hoy en día tenemos más posibilidades de detectar esa inteligencia artificial que formas de vida biológica.
Durante mucho tiempo los científicos que trabajan en el Seti han argumentado que la naturaleza quizás ya se encargó de resolver el problema de cómo sostener vida con distintos modelos de compuestos químicos.
Es decir que los extraterrestres no sólo no serían como nosotros, sino que ya no se encuentran al mismo nivel biológico con el cual funcionamos los habitantes de la Tierra.


¿Cómo nosotros?

A pesar de esto los científicos del Seti han basado sus investigaciones -para la búsqueda de vida en todo el cosmos- en la teoría de que los extraterrestres podrían ser seres "vivos" tal como nosotros.
Por ello, esta búsqueda de vida ha seguido algunas reglas básicas de la bioquímica como un período finito de vida y procreación. Pero sobre todo ha estado sujeta a los procesos de la evolución.
Ahora, sin embargo, el doctor Shostak afirma que aunque la evolución para desarrollar seres capaces de comunicarse más allá de su propio planeta puede tardar mucho tiempo, la tecnología más allá de la Tierra podría haber avanzado suficientemente rápido para "eclipsar" a las especies que la crearon.
"Si observamos las escalas de tiempo del desarrollo de tecnología, vemos que en un punto se inventó la radio y después fuimos capaces de transmitir señales y tuvimos la posibilidad de que alguien nos escuchara" explicó el científico a la BBC.
"Pero unos cientos de años después de haber inventado la radio -al menos si nos ponemos nosotros como ejemplo- podríamos inventar máquinas que piensan, lo cual es algo que quizás lograremos este siglo".
"Así hemos sido capaces de inventar a nuestros sucesores y sólo durante unos cuantos cientos de años hemos sido una inteligencia 'biológica'", expresa.
Desde el punto de vista de la probabilidad, agrega el científico, si esas máquinas pensantes lograron evolucionar, tenemos ahora más posibilidades de detectar sus señales que las de la vida 'biológica' que las inventó.

Los expertos se preparan para el hallazgo de vida extraterrestre

Conjunto de telescopios Allen, en California
El descubrimiento de cualquier forma de vida extraterrestre sería uno de los mayores acontecimientos en la historia de la humanidad. Fuera vida inteligente o no, cambiaría de forma radical la percepción personal de cada uno y la de nuestro lugar en el universo. De eso están seguros todos los científicos y pensadores reunidos por la Royal Society británica en Londres para analizar la fase actual de los esfuerzos para detectar vida extraterrestre y las consecuencias que tendría esta detección para la ciencia y la sociedad. En la reunión se propuso una nueva escala, la escala de Londres, para evaluar cualquier anuncio de vida extraterrestre.


El análisis de las posibles consecuencias varía más. Se pueden esperar reacciones de miedo y alboroto, pero también de calma y placer, dependiendo de cómo sea la forma de vida descubierta y la distancia a la que se encuentre, señala Albert Harrison, de la Universidad de California. Como los métodos influyen tanto en los posibles hallazgos, los descubrimientos más probables son de vida microbiana o similar en nuestro Sistema Solar, o de transmisiones electromagnéticas desde algún punto mucho más distante. En ambos casos, serían hallazgos sensacionales pero minimalistas, que no afectarían a la vida cotidiana.
El paleontólogo y experto en evolución Simon Conway Morris, de la Universidad de Cambridge, se prepara para lo peor. Así tituló su intervención en la reunión de Londres. Las biosferas extraterrestres pueden ser muy similares a la terrestre y entonces sería inevitable que emergiera la inteligencia, y nos encontraríamos con civilizaciones parecidas a las nuestras, con todas sus características negativas. Conway esgrime argumentos evolutivos para señalar que este escenario le parece muy poco probable. El opuesto, por el que se inclina, es que estamos completamente solos en el Universo.
Sin embargo, el cambio de paradigma que supuso desde 1992 la detección de planetas fuera del Sistema Solar (ya van 500 identificados) hace pensar a muchos que las generaciones actuales pueden llegar a ver la firma de la vida en otro lugar distinto de la Tierra. Aunque "la astrobiología es el estudio de las cosas que no existen", según una cínica definición muy popular en el mundo científico, su convergencia con el veterano enfoque SETI (programas de búsqueda de inteligencia extraterrestre) es un hecho y marca la nueva fase.
SETI, que intenta detectar señales extraterrestres, cumplió 50 años en 2010 sin conseguir su objetivo. Frank Drake, su impulsor, piensa que es preciso mantener una gran amplitud de miras sobre dónde y qué buscar, y reconoce que las hipótesis utilizadas hasta ahora han sido ingenuas. La búsqueda ya se ha ampliado de las ondas de radio a las señales ópticas e infrarrojas, pero Drake cree que mientras no se puedan detectar directamente "las luces de las ciudades por la noche" en otras civilizaciones, dependemos de que éstas quieran dar pruebas de su existencia con potentes emisiones intergalácticas. Siempre optimista, se pregunta: "¿Existirá una red de civilizaciones intercomunicadas, una versión real del Internet galáctico mítico?"

jueves, 17 de marzo de 2011

Muchas tierras

 hasta una cuarta parte de las estrellas de tipo solar tienen planetas semejantes a la Tierra. Algo fantástico, sin duda, pero recapitulemos un poco antes de exaltarnos demasiado. Al fin y al cabo, podemos pensar que se trata de una exageración, ¿cómo se atreve alguien a afirmar una cosa así con tanta contundencia? 

La noticia se basa en el artículo de un equipo de investigadores dirigido por Andrew Howard y Geoffrey Marcy que ha sido publicado hoy en la revista Science  (The Occurrence and Mass Distribution of Close-in Super-Earths, Neptunes, and Jupiters). Siempre que se habla de este tema, se produce una confusión en los medios entre planetas extrasolares con masa similar a la Tierra y exotierras propiamente dichas. Son dos conceptos muy dispares tan diferentes entre sí como Venus y la Tierra. Una exotierra es un planeta con la masa de la Tierra que además está situado en la zona habitable de su estrella. ¿Prueba este estudio que el 25% de estrellas similares al Sol tienen exotierras a su alrededor? La respuesta, desgraciadamente, es negativa.

Veamos los detalles: los autores han estudiado la presencia de planetas en una muestra de 166 estrellas de tipo solar (tipos G y K, con 0,54-1,28 masas solares) mediante elmétodo de la velocidad radial y han llegado a la conclusión de que el 23% debería tener planetas de 0,5-2 masas terrestres orbitando a menos de 40 millones de kilómetros de distancia (un periodo orbital de menos de 50 días). Pero debemos resaltar dos puntos. Primero, hay que tener en cuenta que el resultado es en realidad una extrapolación: los investigadores no han detectado ningún planeta de masa terrestre (eso queda fuera del alcance de los telescopios situados en la Tierra, por ahora). Segundo, como podemos ver, no estamos hablando de exotierras, sino de planetas con una masa semejante a la terrestre, que no son la misma cosa. De hecho, la extrapolación habla más bien de "tierras calientes" (término que debería usarse más a menudo): mundos de masa terrestre situados tan cerca de sus estrellas que su superficie debe ser completamente estéril.

 
Los resultados del estudio de Howard et al. demuestran una posible mayor abundancia de planetas de masa terrestre cerca de las estrellas de tipo solar (NASA).


La misma gráfica pero sin tantos artificios, tal y como aparece en el artículo (Science).

Los investigadores tomaron 20 medidas de la velocidad radial de cada una de las estrellas mediante el espectrómetro HIRES del telescopio Keck (Hawái) en un periodo de cinco años. Lo interesante del caso es que el estudio revela que los planetas menos masivos son los más abundantes, así que podemos suponer que los planetas de masa terrestre son más frecuentes que las supertierras o los neptunos calientes alrededor de estrellas de tipo solar. No se trata en absoluto de un resultado obvio, pues contradice muchos modelos de formación y migración planetaria. Resumiendo, el artículo es fascinante (por eso sale publicado en Science), pero no olvidemos que estamos hablando de abundancias planetarias a menos de 40 millones de kilómetros de distancia de la estrella. Lamentablemente, nada indica que el número de exotierras deba seguir la misma proporción.

En cualquier caso, no deja de ser irónico que, justo cuando empiezan a surgir evidencias sobre la gran abundancia de planetas de masa terrestre, la NASA haya decidido dar carpetazo a las misiones para detectarlos, como TPF o SIM Lite. Una verdadera tragedia.

Cambiando totalmente de tercio, pero sin abandonar las estrellas, también me gustaría matizar la siguiente noticia que ha circulado por la red estos días: Kepler permite ver en primicia terremotos estelares. Interesante, ¿no? Eso parece, pero lástima que sea mentira. El telescopio espacial Kepler tiene como objetivo principal detectar exoplanetas por el método del tránsito, para lo cual es capaz de medir con gran precisión el brillo de muchas estrellas. Esto permite no sólo detectar planetas, sino también medir la variabilidad de multitud de astros y poder estudiar su estructura gracias a laastrosismología.

Pero Kepler no es en absoluto el primer instrumento que mide las oscilaciones de las estrellas (los "terremotos estelares") y ni siquiera es el primer telescopio espacial dedicado a tal fin, ya que ese honor recae en el satélite francés CoRoT. ¿Qué ha ocurrido entonces con esta noticia? Pues como suele suceder, los medios españoles -no todos, que conste- han exagerado las de por sí exageradas noticias de la prensa anglosajona, que a su vez se basaban en la nota de prensa de la NASA. Y eso que por una vez, y sin que sirva de precedente, hay que reconocer que la noticia original de la agencia espacial era muy comedida (NASA's Kepler Spacecraft Takes the Pulse of Distant Stars, mejor explicada aquí). Los datos de Kepler son todo un filón para la astrosismología y la astrofísica estelar, pero no debemos desmerecer el trabajo de muchos otros grupos de investigadores a lo largo y ancho del globo.

Curiosidades

Rusia lleva años intentando poner en servicio el RSM-56 Bulavá, un misil balístico de combustible sólido lanzado desde submarinos (SLBM) creado a partir del Topol-M. De este modo, en el futuro todos los misiles balísticos intercontinentales rusos podrán estar basados en la misma tecnología, aunque serían desplegados de distinta forma: silos y lanzaderas móviles para el Topol-M y el RS-24 (versión del Topol-M con varias cabezas nucleares), y submarinos de la clase Borei para el Bulavá. De este modo, el uso de sistemas similares permitirá un ahorro considerable de tiempo, dinero y recursos. Desafortunadamente para el gobierno ruso, el programa de pruebas y desarrollo del Bulavá se ha convertido en una auténtica pesadilla debido al gran número de lanzamientos fallidos. Y es que aunque la idea es buena, no hay que olvidar que la inmensa mayoría de SLBM soviéticos fueron construidos por la OKB Makeyev, mientras que el Bulavá es obra del MIT (no "ese MIT", sino éste).
Pero como la esperanza es lo último que se pierde, está claro que las autoridades rusas han decidido cortar el asunto por lo sano. Si el Bulavá no puede lanzar cabezas nucleares...¡que por lo menos sirva como mortífera arma hipnotizadora! Y hoy los habitantes de la ciudad de Tromsø, situada en el norte de Noruega, pudieron ser testigos de primera mano de los efectos desorientadores del pérfido mecanismo ruso, como podemos ver en esta imagen (y vídeo):



La espiral misteriosa que miles de escandinavos confundieron con un OVNI -bueno, técnicamente era un OVNI, o mejor dicho, un OBNI (Objeto Bulaviense No Identificado)- era en realidad producto del último -y fallido, para variar- lanzamiento del Bulavá desde el submarino de la clase Akula TK-208 Dmitri Donskói. Puede que el Bulavá no sea un misil muy eficaz por el momento, pero está claro que genera unos fuegos artificiales muy curiosos. Y no sé por qué, pero tengo la impresión de que los ingenieros del Bulavá hubiesen preferido que se tratase de un OVNI alienígena...


El color de la Luna

Si crees que la Luna es un mundo monocromo de un aburrido gris cenizo, deberías verestas imágenes de la sonda LRO (Lunar Reconnaisance Orbiter). Aunque obviamente no se puede comparar con nuestro planeta, existen variaciones de color en la superficie lunar que dependen de la concentración de dióxido de titanio (TiO2) y monóxido de hierro (FeO) presentes en el regolito.



Los distintos colores de la superficie lunar (exagerados). La imagen ha sido realizada a partir de siete tomas en longitudes de onda distintas. El azul corresponde a 320 nm, el verde a 415 nm y el rojo a 689 nm. La imagen cubre unos 1000 km (LRO/NASA).


Detalles de la zona anterior. Se destacan las zonas de alunizaje del Apolo 11 y 17 (LRO/NASA).

El tono oscuro del basalto de los mares lunares se debe a su alto contenido en FeO, mientras que la mayor cantidad del TiO2 les dota de un color ligeramente azulado. En esta imagen de la cámara WAC/LROC podemos comparar los distintos colores del Mare Tranquilitatis -más azul debido a su mayor contenido de TiO2- y el Mare Serenitatis.
Otro factor que afecta al albedo es el tamaño medio de los granos del regolito. Por ejemplo, la zona del Apolo 17 es más oscura debido a la presencia de material piroclástico, además de óxidos de hierro y titanio. Más de un 10% de la masa del basalto de los mares puede estar formada por TiO2, mientras que en los basaltos terrestres esta cantidad no suele superar el 3%.
Entender el porqué de estas diferencias resulta clave para poder dilucidar los procesos de formación de nuestro satélite.


En esta imagen tomada por la sonda Galileo en 1992 se aprecian las diferencias cromáticas (exageradas) de nuestro satélite (NASA).